La vía chilena al desarrollo se ve desde la perspectiva nacional, dejando de lado la preocupación por la diversidad de territorios y los problemas que acarrea este camino. En palabras simples, es mejor sacrificar un trocito de tierra que el progreso del país. Hay que pensar en grande y, por ello, hay que hacer un esfuerzo en pos de todo el beneficio futuro. Ese es el discurso oficial.