Que un niño de cuatro años diga “mi nana” es algo que nos puede parecer tierno o no (a mí, no, porque creo que ahí está la semilla de las discriminaciones futuras, aunque es una mirada muy personal). Sin embargo, decir “las nanas” como rótulo general, es algo completamente distinto, cargado de discriminación, aunque no tengamos esas intenciones.